[Recap] 2×04 The Big C: Boo!

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Halloween llega a The Big C, una fiesta de lo más apropiada para una serie que se ríe de la muerte. En general, podríamos dividir a los humanos entre los que esquivan cualquier referencia a la muerte, los que la miran con recelo y/o respeto, y los que la miran a la cara porque asumen que se trata de una etapa natural de la vida. Eso en condiciones normales, porque en momentos de crisis como por la que está pasando Cathy y su familia, todo esto es mucho más complejo.

Cathy entraría dentro del grupo de los que asumen la muerte como algo natural pero es inevitable que se ponga nerviosa al tener que firmar unos papeles que incluyan cláusulas de excepción de responsabilidad, especificaciones en caso de emergencia y una lista de posibles efectos secundarios. ¿Quién no lo haría? Paul, en cambio, no quiere ni oír hablar del tema y es comprensible. Su mujer está a punto de empezar el tan ansiado (y peleado) estudio clínico del doctor Sherman del que depende su vida y hasta la decoración de su vecino le molesta, pero apuesto lo que sea a que Paul, con el carácter juguetón (por no decir infantil) que tiene, otros años era el primero que se apuntaba a la fiesta macabra ¿no creéis?

En el extremo opuesto se encuentra el nuevo compañero de ensayo de Cathy, que desde su actitud budista, dice dejarse llevar y aceptar lo que la vida que tenga reservado. No sé hacía dónde se dirigirá esta trama pero seguramente se convertirá en su BBF ya que sólo él sabe por lo que está pasando pero ¿irá más allá?

Ya comenté la semana pasada que en cierto modo me sorprendía bastante que la relación entre Cathy y Paul se normalizase tan rápidamente, y aunque está claro que ambos pusieron por delante la salud, es evidente que han escondido la suciedad debajo de la alfombra. Paul ahora tendrá que buscar desesperadamente un nuevo trabajo (con el mercado como está) para recuperar su seguro médico y tal vez no pueda estar con Cathy tanto como quisiera. ¿Y quién estará allí? Pues el encantador tipo de acento británico (como Lenny) del sillón de al lado.

Por otro lado, Sean continua su proceso de conversión en una persona normal. Reconozco que al principio estaba un poco preocupada con la evolución de su personaje pero, al menos por ahora, están llevando la trama bastante bien. Sean se está esforzando de verdad pero parece que el destino (en forma de lechuza tipo Hedwig) le ha puesto una difícil prueba que ha acabado superando con nota, y eso que Andrea no ayudó precisamente a ello metiéndole en la cabeza que tal vez se tratase del fantasma de Marlene. ¿No se suponía que iba a poner un poco de cordura a esta familia?

Bueno, por una vez no se lo tendremos en cuenta porque en realidad sí que es una especie de ángel de la guarda de los Jameson (tanto literal como metafórica) aunque parece que está perdiendo facultades. Y esto lo digo por Sean pero también por Adam, que últimamente anda un tanto despendolado y ya ha empezado a sufrir las consecuencias. Aprendió rápido los beneficios que le podían reportar ser chico del cáncer del instituto pero todo poder conlleva una gran responsabilidad y Adam es cualquier cosa menos responsable. Adam se está comportando con las chicas, con perdón, como ese animal que les toca diseccionar en clase de biología y eso lo pagará muy caro. Y si no, al tiempo. Como Andrea encuentre una foto suya vestido de Pocahontas sí que cambiará de mote, pero de por vida.