[Recap] 2×05 The Big C: Cats and Dogs

[spoiler2]

A lo largo de toda la primera temporada vimos como Cathy intentó vivir su enfermedad en soledad, es decir, sin depender de nadie y haciendo lo posible para que nadie dependiese de ella (y con esto me refiero a Andy e incluso a Sean). La cosa no salió bien básicamente porque ella no es así, y necesita tener a los suyos a su alrededor a pesar de que, como Sean, no lo den más que dolores de cabeza. Recogiendo la metáfora de los opening credits, Cathy tuvo su tiempo para nadar sola pero al final no tuvo más remedio que salir de la piscina y enfrentarse a la realidad.

Y de la misma manera que cuándo intentan atracarla su primera reacción es reírse ante la ironía de que el atracador les amenace con matarles pero en cuanto le baja la adrenalina se asusta de lo que podría haber pasado, Cathy no puede evitar pensar que, tal vez, su vida sería mucho más fácil si no tuviese ataduras como Lee (aunque yo no tengo muy claro de que sea feliz) pero definitivamente no es una opción. Éste se dedica a meditar y beber buen vino todo el día. ¿A quién no le gustaría vivir así? Pero por muy atractivo que pueda parecer, ese estilo de vida choca frontalmente con el mayor temor de Cathy: la muerte desolada, o lo que es lo mismo, morir sola.

Por suerte, Paul no está dispuesto a abandonarla como demuestra el hecho de que se trague su orgullo y se rebaje a trabajar como vendedor de televisores para conseguir un seguro médico que pague las facturas que estaban empezando a ahogarles. Por cierto, como Cathy, yo tampoco vi venir que Lee fuese gay pero me alegro enormemente porque temí que Lee se fuera a convertir en Lenny 2 y es demasiado pronto como para repetir tramas.

Adam, por su parte, también intenta lo de no sentirse atado, aunque en su caso se refiere únicamente en el terreno sentimental. Todas sus relaciones, incluidas la de Mia y la de la chica del instituto, se ven afectadas, aunque sea de manera colateral, por la enfermedad de su madre así que es normal que busque métodos alternativos para bajar el calentón. No es que le defienda pero en el fondo me parece comprensible. Lo que pasa es que utilizar el dinero de la comida en una prostituta dominatrix tal vez no sea la manera más inteligente de experimentar una relación sin ataduras. La cosa no le sale demasiado bien pero al menos ya sabe que ninguna relación (ni siquiera con una prostituta) está exenta de consecuencias.

Para el final me he dejado a Sean, que sigue en su intento de convertirse en lo que él considera una persona normal a pesar de que no paran de decirle que parece que está loco. Y no es que las píldoras milagrosas hayan dejado de funcionar de repente sino que su principal problema es que está demasiado tiempo sólo (de nuevo volvemos al tema del episodio), y el aburrimiento puede ser muy peligroso. Ahora le ha dado por crear una (peligrosa) bolsa de bebé para baby Cathy a base de manoplas y viejos trapos de cocina pero a saber qué será lo siguiente. Al final, si algo nos ha quedado claro tras ver este episodios es que los Jameson-Tolkey quieren ser gatos pero definitivamente son perros.