[Recap] 4×01 Breaking Bad: Box Cutter

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Breaking Bad por fin ha vuelto y, como no, lo ha hecho rompiendo nuestras expectativas. Estábamos acostumbrados a empezar las temporadas con imágenes extrañas que hacían referencia (aunque fuese circunstancialmente) al final de la serie pero en esta ocasión no hemos ido al futuro sino al pasado. La secuencia en cuestión nos retrotrae a un momento que desconocíamos y que marcó el futuro tanto de Walter y Jesse como del pobre Gale.

Creíamos conocer el germen de la relación laboral entre Gus y Walter, y que la perseverancia de éste había conseguido que el Señor de los Pollos confiase en él pero ahora hemos descubierto que todo fue gracias a la insistencia de Gale. Gus siempre quiere lo mejor y para conseguir la mejor metanfetamina necesitaban al mejor químico, o mejor dicho, necesitaban la fórmula del mejor químico.

Después de este flashback, que sobre todo busca remarcar el maquiavelismo sin límites de Gus, retomamos la trama en el mismo punto que la dejó Full Measure (el episodio final de la tercera temporada), con un Jesse disparando a Gale sin piedad porque era la única manera de salvar la vida de Walt y la suya propia al ser el único que conocía el proceso de fabricación de la meta. O al menos eso parecía.

Victor, que se ha pasado dos semanas viéndoles trabajar, es capaz de cocinar sin problemas porque, en el fondo y por más Walter intente demostrar lo contrario, se trata de seguir la receta. Claro que Victor desconoce el por qué del proceso y que en un momento dado sería incapaz de resolver un problema pero para eso sólo tendrían que contratar a otro químico y listo porque lo importante, que es la fórmula, ya lo tienen.

Los fans de la serie sabemos que en momentos de crisis a Walter le da por parlotear incansablemente y, en esta ocasión no ha sido diferente. En cuanto Gus entra por la puerta del laboratorio, Walt empieza lo que se podría considerar un monólogo desesperado con el objetivo de convencerle de la importancia de mantenerles con vida. Le echa la culpa a Gus de la muerte de Gale como si eso fuese a afectarle, apela a que Victor no sabe lo que hace, repite una y otra vez que sin ellos el laboratorio no le servirá de nada y suplica que le dejen trabajar. Y todo esto mientras Gus, sin soltar una palabra, se quita la americana, la camisa y la corbata, se pone un traje de laboratorio y remueve los cajones en busca de un arma. ¿Para qué? Para dejar un mensaje a sus subordinados: nadie es imprescindible y, como dice Jesse, si no te mato, desearás estar muerto.

El cutter (verde, claro) con el que Gale abrió ilusionado el embalaje de los caros instrumentos del laboratorio le sirve a Gus para cortarle el cuello a Victor como si de un pollo como los que sirve en sus restaurantes se tratase. Y después, con toda la tranquilidad del mundo, se limpia la sangre, se pone sus gafas y se viste como si nada hubiese sucedido. Y ahora, a trabajar.

Creo que estaremos de acuerdo en que por esta magnífica y larguísima secuencia ya vale la pena todo el tiempo que nos han hecho esperar para ver la cuarta temporada y es que no se puede decir más con tan pocas palabras. Por cierto, me encantó el momento en que se deshacen de Victor con ácido fluorhídrico que, como bien sabe Jesse y su bañera es muy efectivo a la hora de descomponer un cuerpo.

Ahora Walter y Jesse son una especie de esclavos de Gus y encima de sus cabezas pende una espada de Damocles que en cualquier momento puede devanarles el cuello. Y por si esto no fuese suficiente, Walter también tiene que responder ante Skyler, que le tiene atado en corto porque no está dispuesta a renunciar a los millones que gana Walter con sus asuntos turbios. No quiere saber qué pasa, tan sólo quiere saber que su marido sigue vivo, y si para ello necesita que le abran una puerta, pues monta un numerito de mujer desesperada y listo. Skyler cada vez está más desmelenada, y eso me encanta.

Skyler pone de manifiesto que está dispuesta a hacer lo que sea para defender los intereses de su familia, que incluyen a su cuñado Hank. Las facturas de su rehabilitación cada vez son más cuantiosas pero, por lo visto, los resultados son mínimos y el agente de la DEA está empezando a desesperarse. Ahora le ha dado por los minerales (o rocas, como las llama Marie) pero dudo que un hombre del carácter de Hank pueda soportar esta situación de dependencia absoluta de su mujer durante mucho tiempo.

Han sido cuarenta y siete minutos de gran intensidad que nos dejan un escenario muy interesante para el resto de la temporada. Para empezar, las condiciones en el laboratorio cambiarán sí o sí, pero quizás lo más interesante es que la policía tiene (o tendrá) en su poder una pista en forma de cuaderno que suponemos les acabará conduciendo hasta los responsables de la meta azul. ¿Será el final del imperio de Gustavo Fring alias El Señor de los Pollos?